Entre
algunas definiciones sobre la UE encontramos algunas como:
“La Unión Europea es
una entidad geopolítica que cubre una gran parte del continente europeo. Se
basa en numerosos tratados y ha sido objeto de ampliaciones que han llevado de
6 estados miembros originalmente a 27 en 2007, la mayoría de Estados en Europa.
Sus
orígenes se remontan al periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial, en
particular la fundación en 1951 de la Comunidad Europea
del Carbón y del Acero en
París, tras la "declaración Schuman", y a los Tratados de Roma,
el constitutivo de la Comunidad Económica
Europea y
el de la Comunidad Europea.
Ambos organismos son ahora parte de la Unión Europea, que se formó bajo ese
nombre en 1992”
España se convirtió en miembro de pleno derecho de la
Unión Europea en el año 1986. Desde
entonces, la legislación de la Unión es aplicable a España en su totalidad. En
1993 se consumó el Mercado Único Europeo, desde entonces se permite la libre
circulación de productos, personas y capitales dentro de la Unión Europea (UE).
Pero dicho esto
¿qué más conocemos sobre la UE y sus funciones? ¿Qué papel tiene en nuestras
vidas y hasta qué punto nos influyen las decisiones que se toman en ella?
Conocemos también
algunos datos como qué el Euro es la moneda oficial, qué salió al mercado en el
año 2002 y qué desde ese día, los precios no han dejado de subir, aunque
lamentablemente, no podamos decir lo mismo de nuestros salarios.
Dicho esto, y en
términos generales, poco más sabríamos decir sobre el funcionamiento de la UE y
las cuestiones que se manejan en la misma. Somos conscientes de que nuestro
país, al igual que muchos otros, debe seguir las instrucciones y poner en
marcha políticas dictadas por la UE.
Aquí es cuando nos
planteamos diversas cuestiones, dudamos sobre si nos beneficia o no haber
entrado en la UE, qué habría pasado de no haberlo hecho y sobre todo, en qué
nos ha beneficiado, o mejor dicho, en qué ha beneficiado a España el uso de una
moneda en común.
En preciso aclarar,
que dichas dudas e incertidumbres han florecido con la llegada de nuestra ya
conocida: Crisis económica. (Además de la crisis social, política y moral que
la siguen de cerca)
Al principio se
hablaba de ella por encima, parecía que no nos terminábamos de creer (con lo
bien que iba todo) que una crisis económica se aproximaba. Pero no una crisis pasajera, no; se trataba de una crisis
económica a nivel mundial, de la que según decían: “Salir de ella supondrá un
esfuerzo de todos”.
Pero llegó, y vaya
si llegó. Entonces parece que todos despertamos, nos levantamos de nuestros
sofás y fuimos conscientes de la que se nos venía encima. Todos hablaban de la
crisis; en las calles, en los medios de comunicación, los telediarios…La gente
empezó a preocuparse de verdad, o por lo menos, eso decían.
Llegó la crisis, y
con ella, las medidas de resolución, cumbres europeas, recortes, recortes y más
recortes. Entre los ciudadanos de a pie, también hemos podido ver cambios,
tales como, reducción de consumo de productos “de lujo”, una mayor preocupación
por el futuro y miradas de inquietud.
Por todo esto y
mucho más, en nuestro país, un 15 de mayo de 2011, surgió un movimiento
pacifista y revolucionario llamado 15-M cuyos propósitos, entre otros muchos,
eran promover una democracia más
participativa que permitiera salir de la crisis, así como la búsqueda conjunta
de una solución a la situación actual.
A este movimiento, se unieron otros muchos
países, tanto de la UE como otros, cuyos objetivos y propósitos eran
compartidos entre sí. Tal y como podemos apreciar en el vídeo: “El desencanto
de Europa”
Pero, ¿qué ha
pasado con el 15-M?
Por más que me esfuerzo, no logro comprender
qué pudo pasar para llegar a esta pasividad en la población. Es cierto que las
manifestaciones y huelgas están prácticamente a la orden del día en nuestro
país, pero más cierto es, que no dan resultado alguno. Parece que nos hemos
acostumbrado a ellas; por un lado, nos encontramos con personas que han perdido
totalmente la confianza en nuestro sistema, y en cambio, aún existen otras
muchas que siguen confiando en que son nuestros dirigentes los únicos capaces
de sacarnos de la situación.
Y mientras tanto, recortes, desahucios y
pobreza, pero eso sí, siempre haciendo caso a las órdenes que nos llegan desde
arriba, es decir, desde la nuestra querida Unión Europea.

