miércoles, 17 de abril de 2013

“El desencanto de Europa”



Entre algunas definiciones sobre la UE encontramos algunas como:

“La Unión Europea es una entidad geopolítica que cubre una gran parte del continente europeo. Se basa en numerosos tratados y ha sido objeto de ampliaciones que han llevado de 6 estados miembros originalmente a 27 en 2007, la mayoría de Estados en Europa.
Sus orígenes se remontan al periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial, en particular la fundación en 1951 de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero en París, tras la "declaración Schuman", y a los Tratados de Roma, el constitutivo de la Comunidad Económica Europea y el de la Comunidad Europea. Ambos organismos son ahora parte de la Unión Europea, que se formó bajo ese nombre en 1992”
España se convirtió en miembro de pleno derecho de la Unión Europea en el año  1986. Desde entonces, la legislación de la Unión es aplicable a España en su totalidad. En 1993 se consumó el Mercado Único Europeo, desde entonces se permite la libre circulación de productos, personas y capitales dentro de la Unión Europea (UE).
Pero dicho esto ¿qué más conocemos sobre la UE y sus funciones? ¿Qué papel tiene en nuestras vidas y hasta qué punto nos influyen las decisiones que se toman en ella?
Conocemos también algunos datos como qué el Euro es la moneda oficial, qué salió al mercado en el año 2002 y qué desde ese día, los precios no han dejado de subir, aunque lamentablemente, no podamos decir lo mismo de nuestros salarios.
Dicho esto, y en términos generales, poco más sabríamos decir sobre el funcionamiento de la UE y las cuestiones que se manejan en la misma. Somos conscientes de que nuestro país, al igual que muchos otros, debe seguir las instrucciones y poner en marcha políticas dictadas por la UE.
Aquí es cuando nos planteamos diversas cuestiones, dudamos sobre si nos beneficia o no haber entrado en la UE, qué habría pasado de no haberlo hecho y sobre todo, en qué nos ha beneficiado, o mejor dicho, en qué ha beneficiado a España el uso de una moneda en común.

En preciso aclarar, que dichas dudas e incertidumbres han florecido con la llegada de nuestra ya conocida: Crisis económica. (Además de la crisis social, política y moral que la siguen de cerca)
Al principio se hablaba de ella por encima, parecía que no nos terminábamos de creer (con lo bien que iba todo) que una crisis económica se aproximaba. Pero no una  crisis pasajera, no; se trataba de una crisis económica a nivel mundial, de la que según decían: “Salir de ella supondrá un esfuerzo de todos”.
Pero llegó, y vaya si llegó. Entonces parece que todos despertamos, nos levantamos de nuestros sofás y fuimos conscientes de la que se nos venía encima. Todos hablaban de la crisis; en las calles, en los medios de comunicación, los telediarios…La gente empezó a preocuparse de verdad, o por lo menos, eso decían.
Llegó la crisis, y con ella, las medidas de resolución, cumbres europeas, recortes, recortes y más recortes. Entre los ciudadanos de a pie, también hemos podido ver cambios, tales como, reducción de consumo de productos “de lujo”, una mayor preocupación por el futuro y miradas de inquietud.

Por todo esto y mucho más, en nuestro país, un 15 de mayo de 2011, surgió un movimiento pacifista y revolucionario llamado 15-M cuyos propósitos, entre otros muchos, eran promover una democracia  más participativa que permitiera salir de la crisis, así como la búsqueda conjunta de una solución a la situación actual.
Este movimiento, que también se hacía llamar “los indignados”, en conmemoración al libro del recientemente  fallecido Stéphane Hessel (1917-2013), luchaba, como se ha mencionado anteriormente, por una democracia real, lejos de ser dirigidos y manipulados por los bancos y por un sistema político que de verdad mire por los derechos de sus ciudadanos.
A este movimiento, se unieron otros muchos países, tanto de la UE como otros, cuyos objetivos y propósitos eran compartidos entre sí. Tal y como podemos apreciar en el vídeo: “El desencanto de Europa”


Pero, ¿qué ha pasado con el 15-M?
¿Acaso se ha acabado la crisis? ¿O es que la población ha dejado de preocuparse por ella? Quizá nos hemos acomodado a la situación, es posible que ya no nos veamos con fuerzas para hacerle frente.
Por más que me esfuerzo, no logro comprender qué pudo pasar para llegar a esta pasividad en la población. Es cierto que las manifestaciones y huelgas están prácticamente a la orden del día en nuestro país, pero más cierto es, que no dan resultado alguno. Parece que nos hemos acostumbrado a ellas; por un lado, nos encontramos con personas que han perdido totalmente la confianza en nuestro sistema, y en cambio, aún existen otras muchas que siguen confiando en que son nuestros dirigentes los únicos capaces de sacarnos de la situación.
Y mientras tanto, recortes, desahucios y pobreza, pero eso sí, siempre haciendo caso a las órdenes que nos llegan desde arriba, es decir, desde la nuestra querida Unión Europea.

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